Sánchez y Puigdemont dialogarán



Reservado de un restaurante de Barcelona. Carles Puigdemont en la pantalla de un ordenador. Al otro lado, el número dos de Junts, Jordi Turull, junto con uno de los hombres de confianza del expresident y portavoz parlamentario, Albert Batet. El almuerzo a distancia tuvo lugar ayer antes de la ejecutiva de la formación que tiene en su mano la llave para hacer presidente a Pedro Sánchez o para repetir las elecciones. Si alguien tiene alguna duda de quién es el que fija posición en Junts, ya puede disiparla.

El entorno del expresident estaba ayer eufórico con el interés que, de repente, despierta Puigdemont en Madrid. Junts lleva años sin interlocución estable y de cierto nivel en la Moncloa, ya que cualquier contacto provocaba las suspicacias de ERC, que enseguida requería al PSOE atención en exclusiva. Puigdemont tratará de pasar factura por esos desplantes, a los republicanos y al propio Sánchez. El resultado de Junts no ha sido bueno (ha perdido un escaño y 137.000 votos, y no ha superado a ERC), pero le da un protagonismo valioso.



Sánchez y Puigdemont dialogarán
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Turull (Junts): “No veo la investidura por ninguna parte ahora mismo”


Turull y Batet dialogaron con Puigdemont antes de la reunión de la ejecutiva de Junts

Las posibilidades de alcanzar un acuerdo son limitadas. Puigdemont lleva seis años pregonando el choque con el Estado y no es de los que cambie de idea con facilidad. Acumula resabios contra quienes han pactado con el supuesto enemigo (ERC y el PDECat) y también contra Sánchez. Y siempre ha dejado claro que no busca una solución a su situación personal.

Es cierto que la oportunidad le llega en su peor momento. Su partido ha perdido varias plazas de poder y el Tribunal General de la Unión Europea le acaba de retirar la inmunidad del Europarlamento, de forma que no acude siquiera a las sesiones en Estrasburgo para evitar una eventual detención si sale de Bélgica. En virtud de esa sentencia, la Fiscalía pidió ayer repentinamente al Supremo que reactive cuanto antes la euroorden de detención del expresident a las autoridades belgas. La solicitud de extradición situaría a Puigdemont ante la opinión pública española como el prófugo de la justicia que negocia con Sánchez, mientras Alberto Núñez Feijóo insistirá en que el PSOE le deje gobernar con una abstención. Sin embargo, es probable que el juez Pablo Llarena espere a que la instancia europea superior, el TJUE, resuelva sobre el recurso que ya anunció el expresident.

El expresident lleva seis años pregonando el bloqueo del Estado y es difícil hacer virar el discurso

La pregunta del millón de dólares es qué hará Puigdemont. Sumar anunció ayer que el exdiputado de los comunes Jaume Asens está en conversaciones con Waterloo para lograr su apoyo. Asens mantiene buena relación con uno de los exconsellers expatriados, Toni Comín, y fue una pieza esencial cuando los miembros del Govern de la Generalitat escaparon a Bélgica en el 2017. Pero el expresident querrá una interlocución más directa con la Moncloa.

El punto de partida es reclamar la amnistía y el referéndum de autodeterminación. El recorrido de esa segunda exigencia es más bien nulo, más allá del compromiso que ya existe de someter a votación el acuerdo al que se pudiera llegar en la mesa de diálogo entre los gobiernos catalán y central. Para la Moncloa, las conversaciones viables se centrarían en la primera de las demandas, aunque se denomine de otra forma. Se trataría de explorar una fórmula jurídica para evitar nuevos encarcelamientos como consecuencia del procés. En ese sentido, Puigdemont acusará la presión de quienes están en riesgo de acabar en la cárcel y que ven ahora una oportunidad para buscar una salida a su situación.

El fiscal pide detener al expresident, pero el juez se decanta por esperar al fallo final del TJUE

El expresident es poco permeable a las presiones. Lo demostró en el 2017, cuando le reclamaban convocar elecciones en lugar de la declaración unilateral de independencia. Será difícil que vire hacia una posición más transigente. Solo sería factible si arranca al PSOE un acuerdo que justifique su opción por el “exilio” y que deje la estrategia seguida por ERC en evidencia delante del electorado independentista.

¿Hasta dónde estará dispuesto a llegar Sánchez? De momento, se impone la prudencia en la Moncloa. Yolanda Díaz empezará a hacer “pedagogía” defendiendo una salida para los dirigentes del procés pendientes de juicio. También Salvador Illa ha ido tendiendo puentes con Junts, a pesar del choque por la alcaldía de Barcelona.

Hace años que Sánchez era consciente de que sus opciones de repetir podían depender de los posconvergentes

Sánchez era muy consciente desde hace tiempo de que sus posibilidades de continuar en la Moncloa podrían pasar por Junts. Primero esperó que ese partido experimentara un viraje pragmático que no acabó de llegar. A pesar de las tensiones internas en Junts, la posición de Puigdemont ha sido siempre determinante. Así que la repetición electoral es un escenario factible.

En Catalunya, el PSC ha logrado 1,1 millones de votos, mientras que ERC y Junts han sumado 823.000 papeletas. Aunque el voto útil para frenar a la derecha ha sido crucial, en cada elección, los socialistas se afianzan en Catalunya y el independentismo cede terreno.

El 23-J revela que una amplia mayoría de catalanes teme que un gobierno PP-Vox reavive el conflicto

El mapa político catalán revela un evidente deseo de evitar nuevas convulsiones. No solo porque PSC y ERC, que han dialogado para reconducir el conflicto, junto a Sumar, suponen dos millones de sufragios, sino porque el PP y Vox no consiguen despegar en esta plaza. Los populares han crecido en Catalunya de dos a seis escaños, pero esperaban un mínimo de ocho. El resultado denota la percepción entre buena parte de los electores de que un gobierno del PP y Vox podría devolver a Catalunya a los momentos de tensión del pasado.

Mientras, Feijóo, como ganador de las elecciones, intentaba forjar un acuerdo imposible en el que compartieran espacio Vox y el PNV. De hecho, el líder del PP solo podría pedir al Rey que le encargara presentarse a una investidura si contara al menos con el apoyo de la extrema derecha, pero eso ya supondría una atadura que le podría pasar factura en caso de que Sánchez fracase con Puigdemont y haya que ir a una repetición electoral. Las opciones de Feijóo son reducidas. Los populares cuentan con una ventaja como es la ley D’Hondt, ya que han logrado apenas 300.000 votos más que se han traducido nada menos que en una prima de 14 escaños más. Pero su desventaja es la falta de posibles aliados parlamentarios y la incompatibilidad de estos entre sí.

Feijóo solo puede ir a la investidura con una alianza con Abascal, y eso le perjudicaría si se repiten elecciones

El 23-J demuestra que no estamos ante un bloque de la izquierda y uno de la derecha que aspiren a gobernar. El eje que marca los pactos es territorial, ya desde tiempos de Jordi Pujol. El PP apenas cuenta con aliados de obediencia regional (solo canarios y navarros), mientras que el PSOE dispone de más opciones. El discurso que mueve al voto, desde el 2017, es también el de la relación con el independentismo, sea vasco o catalán. Esa es la verdadera cuestión pendiente del funcionamiento democrático en España, la inserción del papel de las autonomías y sus partidos en la gobernabilidad de España.






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