¿Qué es el SIBO? Síntomas, causas y qué debes comer antes y después de tenerlo


Sabemos que unos 100 billones de bacterias habitan en el intestino humano. Unas son nativas, llevan ahí desde que nacemos o desde el primer año de vida, y otras son bacterias en tránsito y se ingieren continuamente a través de los alimentos sólidos y las bebidas. Este gigantesco y particular universo que todos llevamos dentro participa en infinidad de funciones de los distintos órganos del ser humano y, en última instancia, de un buen estado de salud. Eso sí, para ello, es esencial que esté en equilibrio, lo que la ciencia llama eubiosis. Ya que, de lo contrario, el riesgo de que aparezcan patologías aumenta.

¿Por qué se rompe el equilibrio?

Una microbiota intestinal equilibrada es, por tanto, una microbiota saludable. Ahora bien, esta convivencia puede verse alterada desencadenando consecuencias negativas para la salud, como el SIBO. Este término hace referencia a un crecimiento excesivo de bacterias en el intestino delgado, “aunque actualmente este concepto se ha ampliado, ya que ahora sabemos que no solamente puede aparecer un sobrecrecimiento de bacterias, sino también de otros microbios como arqueas u hongos”, señala Nieves López García, profesora de Nutrición de la Universidad CEU Cardenal Herrera, nutricionista y máster en Microbiota Humana.

Los síntomas del SIBO dependen del tipo de microorganismo que esté sobrecrecido

Es difícil determinar por qué ciertos microorganismos intestinales se multiplican rompiendo el equilibrio ya creado. De hecho, solo un especialista en SIBO sabrá valorar y determinar el origen del sobrecrecimiento y así aplicar el tratamiento más eficaz. Entre las causas conocidas más habituales, la experta destaca “ciertas alteraciones anatómicas del aparato digestivo, el hipotiroidismo, la celiaquía, infecciones por Helicobacter pylori, el uso crónico de inhibidores de la bomba de protones, alteraciones del sistema inmune, una mala alimentación, un exceso de comidas diarias que dificultan los movimientos de limpieza de nuestro organismo, una disbiosis bucal, falta de secreción biliar o pancreática, intoxicaciones alimentarias, el tabaco o un exceso de antibióticos”.

Puede que te sientas hinchado, cansado o deprimido

Esta proliferación desmedida de microorganismos puede afectar a cualquier persona, aunque “las mujeres y personas de mayor edad suelen ser más propensas“, asegura la experta. Además, “circunstancias como una mala alimentación, comer deprisa, el estrés crónico o alteraciones psicoemocionales también pueden predisponer a la aparición de SIBO”, añade.

Comer deprisa o una mala alimentación pueden favorecer el desequilibrio en la microbiota intestinal. (iStock)

Más allá de la predisposición, en un momento determinado pueden aparecer los síntomas, los cuales dependerán del tipo de microorganismo que se encuentre sobrecrecido en nuestro intestino. Estos son algunos de los más frecuentes, según López:

  • Hinchazón.
  • Distensión abdominal.
  • Gases.
  • Diarrea.
  • Estreñimiento.
  • Dolor abdominal.
  • Náuseas y eructos.

También pueden empezar a sentarnos mal alimentos saludables que antes tolerábamos bien, o pueden aparecer síntomas extradigestivos como cansancio, depresión, alergias, picores en la piel o dolores crónicos.

Foto: Un estudio reciente sugiere la existencia de una relación entre la microbiota y la depresión. (iStock)

Todos estos indicios podrían ser el anticipo de numerosas patologías como “problemas de absorción de nutrientes, intolerancias alimentarias, malnutrición, deficiencia de vitaminas, osteoporosis, ansiedad y depresión, entre muchas otras”, advierte la experta.

Aliviar los síntomas por la vía de la alimentación

La clave del éxito en el tratamiento del SIBO es la personalización. Y es que “no es lo mismo tratar un exceso de arqueas metanogénicas que un exceso de hongos o de bacterias reductoras de sulfato”, asegura la docente. En cada caso, “las pautas de alimentación son diferentes. Habitualmente se pauta una dieta baja en alimentos fermentables, lo que se conoce como dieta baja en FODMAP, pero es importante saber que esta dieta no debe llevarse a cabo durante más de 6 u 8 semanas, y en algunos tipos de SIBO, como el de sulfuro de hidrógeno, no solamente no sería necesario, sino que podría ser contraproducente, ya que produciría un aumento de Bilophila wadsworthia, una bacteria reductora de sulfato. En este caso, simplemente bastaría con reducir alimentos que favorecen el crecimiento de bacterias reductoras de sulfato”.

La recuperación de SIBO puede tardar semanas, meses o incluso años

Estas pautas nutricionales “son un complemento al uso de fármacos como la rifaximina y/o la neomicina que también pueden combinarse con herbáceos de acción antibiótica”, señala la experta.

La recuperación puede durar semanas, meses o incluso años

No es posible predecir cuándo volverá el equilibrio microbiano a los más de seis metros de intestino delgado del aparato digestivo, ya que, según López, “depende de la causa que lo ha producido, de lo alterada que se encuentre la mucosa digestiva y de muchos otros factores, de manera que algunas personas se pueden recuperar con un solo ciclo de antibióticos o en un par de meses mientras que otras pueden necesitar años para encontrarse bien al 100%”.

El experto determinará la causa del sobrecrecimiento bacteriano y buscará el mejor tratamiento. (iStock)

Por otro lado, cuando por fin hemos recuperado una microbiota saludable, es conveniente tomar las medidas oportunas para evitar las recaídas y para ello, una vez más, habría que individualizar. “Si la causa del SIBO ha sido una celiaquía, ese paciente deberá eliminar el gluten. Si ha sido un exceso de ingestas o picoteo que impide trabajar al complejo motor migratorio, deberá espaciar las comidas. Si la razón era una mala alimentación a base de ultraprocesados, deberá reducir este tipo de alimentos, etc”, aclara.

Foto: Fuente: iStock.

Ahora bien, sea cual sea el caso, “siempre se reintroducirán alimentos de manera progresiva para probar la tolerancia y que el paciente finalmente pueda llevar una dieta variada y equilibrada en la que predominen los alimentos y no los productos”, apunta la experta.

Sabemos que unos 100 billones de bacterias habitan en el intestino humano. Unas son nativas, llevan ahí desde que nacemos o desde el primer año de vida, y otras son bacterias en tránsito y se ingieren continuamente a través de los alimentos sólidos y las bebidas. Este gigantesco y particular universo que todos llevamos dentro participa en infinidad de funciones de los distintos órganos del ser humano y, en última instancia, de un buen estado de salud. Eso sí, para ello, es esencial que esté en equilibrio, lo que la ciencia llama eubiosis. Ya que, de lo contrario, el riesgo de que aparezcan patologías aumenta.



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