La visita a Sarajevo, hace un año, fue un pellizco emocional para Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno y candidato del PSOE a la reelección, de 51 años, recaló en la capital de Bosnia de gira por los Balcanes. Pero años atrás, a finales de los noventa, su trayectoria política despegaba en esa ciudad, cuando un jovencísimo Sánchez trabajó en el gabinete de Carlos Westendorp, alto representante de la ONU para la reconstrucción del país tras la guerra.

Viajar, trabajar en el extranjero fue una decisión que tomó terminada la carrera de Económicas y cumplido el servicio militar. Se había afiliado al PSOE con 21 años. Trabajó en una asesoría fiscal, en Nueva York, y con 26 años fue a Bruselas, donde cursó un master en política económica, en francés, y trabajó de asesor en el grupo Socialista del Parlamento Europeo.

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Pedro Sánchez, con su madre y su hermano David, más joven, en unas vacaciones en Menorca

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El paso siguiente fue Bosnia. Allí se dio cuenta de la distancia entre el asesor y el que decide. Y él quería decidir. Descartó una oferta de Naciones Unidas para ir a Timor Oriental y regresó a Madrid, para iniciar su carrera política. Le contrató la Organización de Consumidores y Usuarios, por su experiencia europea. Y en 2004 fue concejal en Madrid, su primer cargo electo.

Recta final

“Me eduqué en la cultura de la presión con el baloncesto y me gusta, soy mejor con la presión”, asegura

En paralelo, había conocido a Begoña Gómez, una directiva de una empresa de marketing, con la que se casó y tiene dos hijas. “Me enamoré perdidamente, pero me costó mucho convencerla, aunque ¡al final pude dejar el cepillo de dientes en su casa!”, le explicó a Bertín Osborne, en una entrevista distendida, en la que explicó que de adolescente bailó breakdance, que es buen caricaturista, y compartieron, entre risas, incluso sus estrategias de jóvenes para ligar. Hijo de clase media, habló de los veranos familiares en Baleares, o en Irlanda para estudiar inglés. Era a finales de 2015, llevaba quince meses de secretario general del PSOE y estaba de ronda por los programas de entretenimiento para darse a conocer. Explicó que había jugado hasta los 21 años a baloncesto con el Estudiantes y que fue profesor universitario, de estructura económica. Sus alumnos le llamaban ‘el político’.

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Pedro Sánchez, primero por la izquierda en la fila de delante, en 1985 con el equipo de baloncesto juvenil del Club Estudiantes

REDACCIÓN / Otras Fuentes

Un año después de aquella charla, Sánchez abandonaba la dirección del PSOE y su escaño en el Congreso tras ser desautorizado por el partido cuando se negó a facilitar la investidura de Rajoy, que había ganado las generales de 2015 y la repetición de 2016. Cogió su Peugeot y repitió la gira por las federaciones socialistas para recabar apoyos, como en 2014. Y como entonces, recuperó el liderazgo del partido. Y en junio de 2018, por medio de una censura a Rajoy tras la condena al PP por el caso Gürtel, fue elegido presidente del Gobierno.

Con una carrera política atípica, jalonada de obstáculos que le han dado fama de resiliente, Sánchez ha logrado hasta ahora caer siempre de pie. “Me eduqué en la cultura de la presión con el baloncesto y me gusta, soy mucho mejor con la presión”, asegura.

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Pedro Sánchez, con su mujer, Begoña Gómez, durante la reunión extraordinaria del comité federal del PSOE que le proclamó candidato a las elecciones generales de 2015

Paco Campos / EFE

En un juego a tres pistas en la campaña, la Moncloa y la presidencia del Consejo de la UE, necesita combatir el marco mental, reforzado por los sondeos, de que ganará el PP. Y, una vez más, levantar el vuelo.

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