Cuarto Milenio indaga en la maldición de la muerte de Murillo, cumplida en el convento de Capuchinos de Cádiz



El programa Cuarto Milenio, de Iker Jiménez, trató en su último programa la maldición que rodea al convento de Capuchinos de Cádiz, recordado por ser el lugar donde el famoso pintor Murillo encontró la muerte tras una caída llena de misterio.

El equipo del programa de Cuatro se trasladó a Cádiz y contó con varios expertos gaditanos en su programa, que han investigado sobre el tema, como el historiador Salvador Santos, el escritor Jesús Relinque, la historiadora del arte y profesora de la UCA María Castillo García Romero y Antonio de la Cruz, doctor en Historia.




Como recordaron, Bartolomé Esteban Murillo murió tres días después de caerse de un andamio en la iglesia convento de Capuchinos, cuando pintaba un retablo bajo el título ‘Los desposorios de Santa Catalina’, que será su última obra, un suceso donde se envuelven todavía muchas incógnitas.

La maldición de Murillo

Para ello hay que trasladarse hasta la juventud de este pintor sevillano universal. Entonces tuvo un encuentro en plena calle que le marcaría para siempre, una enigmática mujer gitana insistió en leerle la mano: “La gitana le cogió de la mano y de repente le miró fijamente a los ojos para confesarle que iba a morir joven y que lo iba a hacer en un casamiento, en una boda”.

Desde aquel preciso momento Murillo vivió obsesionado con evitar asistir a este tipo de eventos para intentar así evitar la muerte. Lo que Murillo no imaginaba es que su muerte iba a estar relacionada con una boda, pero no de la forma que él imaginaba, apuntan en el reportaje de Cuatro Milenio con declaraciones de los expertos e historiadores gaditanos.

Y es que a pesar de sus precauciones, la muerte llegó con una boda. “Si tenemos en cuenta la composición de esta obra – con el nombre ‘Los desposorios de Santa Catalina’- se trata de una boda espiritual de Santa Catalina con Dios, algo de lo que Murillo se dio cuenta cuando estaba encima de un andamio pintando el retablo, le invadió el terror y cayó al vacío, moriría tres días después a causa de las heridas y convencido de que el mal augurio de la gitana se había cumplido”. Esta es la idea además que incluye su testamento, añade el historiador.

Desde entonces, la fama de maldito del convento de Capuchinos de la ciudad de Cádiz sigue presente, con más historias, indaga el reportaje, recordando algunos episodios en un lugar, cuyo entorno era oscuro y que luego fue un manicomio.

Los cuadros que Murillo pintó cuando encontró la muerte se pueden ver en la colección del Museo de Cádiz, en la plaza de Mina.



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