Señoras, señores. Me alegro. Buenos días.

Jueves. Es día 20 de julio. A esta agotadora campaña le queda el día de hoy, el día de mañana. Y el día de hoy es el último día que queda, si la Junta Electoral no decide lo contrario, no está contemplado, para ejercer el derecho al voto de aquella gente que solicitó hacerlo por correo.

Hoy escribe Manuel Contreras en ABC que estas elecciones son un examen de madurez democrática del país y es verdad. Se han convocado con la pretensión de que muchos no voten y una amplia abstención significaría que el plan ha funcionado. Votar se ha convertido en todo un ejercicio de ciudadanía militante, un ejercicio de fe democrática. Porque la última hazaña del sanchismo es haber convertido el voto casi en una heroicidad. Hoy es heroico lo que van a hacer miles de personas al aguantar horas de calor y al sol para votar por correo.

Pero hay que hacerlo. Es un acto heroico, pero hay que hacerlo. Hay que votar porque alguien seguramente ha querido que no votemos tantos. El que ha convocado las elecciones el 23 de julio lo ha hecho buscando el desestimiento y la pasividad de los electores. Lo ha hecho deliberadamente y por eso hay que votar.

Todos aquellos que solicitaron el voto por correo, dice Correos que ya todos tienen sus papeletas, excepto aquellos que no han ido a buscarlas porque ya están fuera, tienen la oportunidad de ejercerlo hoy y los que vayan a votar en la urna del domingo deben planear muy bien la jornada y si es posible ir a primera hora, que además hace menos calor. Confiarse en llegar a última hora después de haber estado en la tumbona, a lo mejor es la garantía de quedarse en un atasco.

Los ciudadanos debemos ser más responsables que nunca, porque, miren, hay tres posibilidades: que gobierne Feijóo,más o menos en solitario o bien en compañía de otros, o bien que Sánchez gobierne quizá con todos sus asistentes habituales, Esquerra, Bildu y compañía. Lo tienen más difícil. No es descartable nada en la vida, pero sí tiene al alcance una posibilidad de empate, de bloqueo, lo que llevaría de nuevo al país a una situación particularmente muy complicada.

Y eso solo se evita votando. A Sánchez o a no Sánchez, o a Yolanda, o Abascal, o a o al que uno considere oportuno. Esta ha sido una campaña ciertamente fatigosa, desganada y propia de una situación en la que a los españoles se nos ha obligado a votar por segunda vez en dos meses y además, en pleno verano. Y el debate, por ejemplo, ayer fue tan fatigoso, tan aburrido, tan desganado como la campaña electoral.

Era en realidadun debate de dos contra uno. Cosa que aprovechó más o menos el uno y los otros dos, que en realidad eran uno. A ver si me explico. Y luego un ausente, uno ausente con lumbalgia, o sea, dolor de espalda. Pero ya saben ustedes, de repente una hernia de disco o una sobrecarga o cansancio de una campaña larga a la que le ha sobrado, seguramente, esta semana.

Feijóo no es el único cansado. Todos lo estamos, como decíamos. Y la primera consecuencia a la que podemos llegar del debate de ayer plomizo, es que la ausencia de Feijóo no le ha perjudicado, que el debate prácticamente no ha cambiado las cosas. Solo Yolanda Díaz, a la que el sorteo había colocado en el centro, parecía tener más o menos claro qué pintaba allí.

Sánchez, a su lado, estaba fuera de sitio, en fin, demacrado. Algunos analistas afirman que Sánchez estuvo mejor que en su cara a cara con Feijóo. Estaba más recompuesto, más institucional. Pero sin la presencia de Feijóo en el debate, que ya nos encargó varias veces de recordar el moderador que no estaba, la de Sánchez era un poco extemporánea, porque Sánchez lo que le dejó fue el protagonismo a Yolanda.

Sánchez iba a no perder y mucho: “Yolanda y yo ¿Verdad, sí Pedro? Yolanda sí, Pedro. Yolanda cómo no. Sí bueno, los pies en el suelo, pero hay que hacer más. Yolanda, Yolanda…”

Yolanda salió a diferenciarse de Pedro Sánchez, pero tampoco tanto porque el ticket es el ticket. La pretensión del debate de ayer, si hubiera estado Feijóo, era evidenciar que hay dos bloques, un bloque que estaría incompleto porque faltaban Esquerra y Bildu y luego el otro. Estos fascistas irredentos que son Abascal y Feijóo, quien no entró en esa trampa. Pero Sánchez y Yolanda se exhibieron como un tándem sincronizado. Sánchez reforzaba los argumentos de la vicepresidenta.

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Parecía un homenaje a las chicas de la sincronizada que acaban de ganar la medalla de oro en el Mundial.

Ya no podemos saber lo que dicen las encuestas sobre el impacto que ha podido tener el debate entre los votantes. Pero ayer Yolanda ejerció como líder de la izquierda y fue la mejor que confrontó con Abascal. Con ese tonito impostado de señorita Rottenmeier, de institutriz del progresismo, pero también la que marcó unas propuestas más ambiciosas. Desnortadas como todas las suyas, pero muy identificables para el votante de la izquierda.

Abascal fue de menos a más. Algunos dicen que podía haber sacado incluso más rendimiento de la oportunidad porque tenía una oportunidad magnífica. Tenía un regalo en ese momento. Lo que pasa es que a veces parecía tan aburrido como Sánchez o como el propio moderador.





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